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En la Asunción de la Virgen María




Sube la que es de los cielos
honra, riqueza, corona,
luz, hermosura y nobleza,
cielo, perfección y gloria.

Flamante ropa la viste,
a quien las estrellas bordan,
en cuya labor el sol
a ningún rayo perdona.

La luna a sus pies mendiga
todo el candor que atesora,
y ya, sin temer menguantes,
plenitud de luces goza.

A recibirla salieron
las tres divinas personas
con los aplausos de quien
es Hija, Madre y Esposa. Amén •

Liturgia de las horas, Oficio de Lectura  
en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

¡Marana tha! ¡Ven, Señor Jesús!


Ven, ven, Señor, no tardes.
Ven, ven, que te esperamos.
Ven, ven, Señor, no tardes,
ven pronto, Señor.

El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos,
el mundo no tiene amor.

Envuelto en sombría noche,
el mundo, sin paz, no ve;
buscando va una esperanza,
buscando, Señor, su fe.

Al mundo le falta vida,
al mundo le falta luz,
al mundo le falta cielo,
al mundo le faltas tú. Amén.

Del Oficio de Laudes de la Liturgia de las Horas 
para el tiempo de Adviento.


¡Juntos junto a tus salmos!

Señor, en el silencio de la oración pienso en el vacío generacional, y hoy al contemplar la historia de tu Pueblo, sus tradiciones, su oración en público y el cantar de tus salmos pienso también en el vínculo generacional. Una generación instruye a la siguiente, pasa el testigo, entrega creencias y ritos, y el pueblo entero, viejos y jóvenes, reza al unísono, en concierto de continuidad, a través de las arenas del desierto de la vida. La historia nos une. Una generación pondera tus obras a la otra y le cuenta tus hazañas. El tema de la oración de Israel es su propia historia, y así, al rezar, preserva su herencia y la vuelve a aprender; forma la mente de los jóvenes mientras recita la salmodia de siempre con los ancianos. Coro de unidad en medio de un mundo de discordia. Por eso amo tus salmos, Señor, más que ninguna otra oración. Porque nos unen, nos enseñan, nos hacen vivir la herencia de siglos en la exactitud del presente. Te doy gracias por tus salmos, Señor, los aprecio, los venero, y con su uso diario quiero entrar más y más en mi propia historia como miembro de tu Pueblo, para transmitirla después en rito y experiencia a mis hermanos menores. Alaban ellos la gloria de tu majestad, y yo repito tus maravillas; encarecen ellos tus temibles proezas, y yo narro tus grandes acciones. Diálogo en la plegaria de dos generaciones ¡Que el rezo de tus salmos sea lazo de unión en tu Pueblo, Señor!  • C. G. Vallés, Busco tu rostro. Orar con los salmos, Ed. Paulinas-Sal Terrae, Santander, 1989, p. 262

¡Ya torna, ya resucita, ya su olor inunda el cielo!

L. Monaco, Las tres Marías junto a la tumba, (1396), 
manuscrito iluminado (46 x 48 cm) Musée du Louvre, (Paris) 
...

La bella flor que en el suelo
plantada se vio marchita
ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.

De tierra estuvo cubierta,
pero no fructificó
del todo, hasta que quedó
en un árbol seco injerta.
Y, aunque a los ojos del suelo
se puso después marchita,
ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.

Toda es de flores la fiesta,
flores de finos olores,
mas no se irá todo en flores,
porque flor de fruto es ésta.
Y, mientras su Iglesia grita
mendigando algún consuelo,
ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.

Que nadie se sienta muerto
cuando resucita Dios,
que, si el barco llega al puerto,
llegamos junto con vos.
Hoy la Cristiandad se quita
sus vestiduras de duelo.
Ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo. Amén • 

Himno del Oficio de Laudes para el Domingo de Pascua
de la Liturgia de las Horas. 

Lumbre en los ojos


Heme, Señor, a tus divinas plantas,
baja la frente y de rubor cubierta,
porque mis culpas son tales y tantas,
que tengo miedo a tus miradas santas
y el pecho mío a respirar no acierta.

Mas ¡ay!, que renunciar la lumbre hermosa
de esos divinos regalados ojos
es condenarme a noche tenebrosa;
y esa noche es horrible, es espantosa
para el que gime ante tus pies de hinojos.

Dame licencia ya, Padre adorado,
para mirarte y moderar mi miedo;
mas no te muestres de esplendor cercado;
muéstrate, Padre mío, en cruz clavado,
porque sólo en la cruz mirarte puedo. Amén.
...
Himno del Oficio de Vísperas de la Liturgia de las Horas 
para el Miércoles de Ceniza.
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