En esta maravillosa y alegre
solemnidad de Todos los Santos, la liturgia de la Iglesia nos anima a esperar
con alegría la vida del cielo, ese lugar en el que esa inmensa multitud de
hombres, mujeres y niños que sólo conocieron en esta vida miseria, hambre,
humillación y sufrimientos, serán saciados y felices. Confiando en Jesús y en sus promesas, creo firmemente que
el cielo será un lugar en el que no habrá pobreza ni dolor; donde nadie estará triste,
nadie tendrá que llorar. Un lugar donde las personas sin salud, enfermos
crónicos, minusválidos físicos y psíquicos, personas hundidas en la depresión y
la angustia, cansadas de vivir y de luchar, conocerán lo que es vivir con paz y
salud total y escucharán las palabras del Padre: "Entra para siempre en el gozo
de tu Señor". En ese cielo en el que yo creo y espero, Dios ya no será un Dios oculto del que no podamos conocer su mirada, su ternura y sus abrazos. Ahi junto al Padre y el Espíritu estará Jesús,y junto a Él los últimos
sean los primeros. Ahí conoceremos a los santos de todas las religiones, aquellos
que vivieron amando en el anonimato y sin esperar nada. Ahí, junto al Padre, al
Hijo y al Espíritu Santo estarán también nuestros padres y nuestros amigos, ahí podremos escuchar
estas increíbles palabras que el Apocalipsis pone en boca de Dios: «Al que
tenga sed, yo le daré a beber gratis de la fuente de la vida». ¡Gratis! Sin
merecerlo. Así saciará Dios la sed de vida que hay en nosotros. Vale, pue, la pena seguir en este caminar. Vale la pena la espera confiada, vale la pena apretar el paso firmes y alegres en la fe • AE
(The name of this blgs is "The Wife's Meditation", the Wife is the Church, who silently meditates on the Word of Christ, her Husband)
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Comfort ye my people!
M. van Heemskerck, El Profeta Isaías profetiza el regreso de los judíos del exilio (1565), óleo sobre tela, Frans Hals Museum (Holanda)
...
Comfort ye, comfort ye my people, saith your God.
Speak ye comfortably to Jerusalem,
and cry unto her, that her warfare is accomplished,
that her iniquity is pardoned.
The voice of him that crieth in the wilderness:
Prepare ye the way of the Lord.
Make straight in the desert
a highway for Our God.
(Isaiah 40:1-3)
Estas son las hermosísimas (sic) palabras, tomadas del libro del profeta Isaías con las que Händel inicia el que quizá es el más bonito de sus oratorios: El Mesías. Compuesto en Londres en apenas tres semanas a finales del siglo XVIII, esta obra trata no sólo el nacimiento de Jesús de Nazaret, sino toda su vida. Unos meses después de ser compuesta la obra se estrenó en el New Music Hall de Dublín durante una gala benéfica. En aquellos años Händel se encontraba en un momento creativo interesante: junto a su Mesías compuso también Sanson, Saul, Jephtha y Belshazzar, que lo llevaron a la cumbre de sus obras corales. Este oratorio fue constantemente presentado en el Covent Garden de Londres y dirigido por el mismo Händel, año con año en la época de Pascua hasta el día de su muerte. En la primera de las lecturas de este segundo domingo de Adviento, en cada país en su lengua, escucharemos el pasaje del profeta Isaías arriba mencionado • AE
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