En esta maravillosa y alegre
solemnidad de Todos los Santos, la liturgia de la Iglesia nos anima a esperar
con alegría la vida del cielo, ese lugar en el que esa inmensa multitud de
hombres, mujeres y niños que sólo conocieron en esta vida miseria, hambre,
humillación y sufrimientos, serán saciados y felices. Confiando en Jesús y en sus promesas, creo firmemente que
el cielo será un lugar en el que no habrá pobreza ni dolor; donde nadie estará triste,
nadie tendrá que llorar. Un lugar donde las personas sin salud, enfermos
crónicos, minusválidos físicos y psíquicos, personas hundidas en la depresión y
la angustia, cansadas de vivir y de luchar, conocerán lo que es vivir con paz y
salud total y escucharán las palabras del Padre: "Entra para siempre en el gozo
de tu Señor". En ese cielo en el que yo creo y espero, Dios ya no será un Dios oculto del que no podamos conocer su mirada, su ternura y sus abrazos. Ahi junto al Padre y el Espíritu estará Jesús,y junto a Él los últimos
sean los primeros. Ahí conoceremos a los santos de todas las religiones, aquellos
que vivieron amando en el anonimato y sin esperar nada. Ahí, junto al Padre, al
Hijo y al Espíritu Santo estarán también nuestros padres y nuestros amigos, ahí podremos escuchar
estas increíbles palabras que el Apocalipsis pone en boca de Dios: «Al que
tenga sed, yo le daré a beber gratis de la fuente de la vida». ¡Gratis! Sin
merecerlo. Así saciará Dios la sed de vida que hay en nosotros. Vale, pue, la pena seguir en este caminar. Vale la pena la espera confiada, vale la pena apretar el paso firmes y alegres en la fe • AE
(The name of this blgs is "The Wife's Meditation", the Wife is the Church, who silently meditates on the Word of Christ, her Husband)
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Más allá del aburrimiento y la pachorra.
Cada año la primera de las lecturas en este día me produce
mucha alegría, me da como una gran emoción: Y
vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas,
pueblos y lenguas[1]. “¡Son
los santos!”, me digo a mi mismo cada año. Sí, los santos, hombres y mujeres desconocidos
en su mayoría; gente de carne y hueso y hormonas y neuronas de todas las
regiones, de todos los países, de todas las épocas. Santos negros y blancos,
cultos e ignorantes, pobres y ricos, trendy
y sencillos. Y me pregunto también qué es lo que une a gente tan distinta, e
incluso si es posible que siendo tan diferentes tengan algo en común… Con ésta solemnidad celebramos que
verdaderamente la fuerza del Espíritu de Jesús actúa en todas partes, que es una
semilla capaz de arraigar en todo tipo de suelo, y que no necesita especiales
condiciones de raza, o de cultura, o de clase social. Por eso esta fiesta es
una fiesta fundamentalmente gozosa: festejamos (sic) que el Espíritu de Jesús
ha dado, da, y dará fruto siempre y en todas partes. Esos hombres y mujeres que
“ya la hicieron”, que llegaron al cielo, fueron pobres, hambrientos y sedientos
de justicia, limpios de corazón, trabajadores de la paz o también ricos e
incluso famosos y que tuvieron
muchas posibilidades pero que supieron poner el corazón en Jesús con esfuerzo valentía. Ahí está el quid. Con Todos los Santos no celebramos una fiesta superficial, ni tampoco
que todo el mundo es bueno y todo terminará bien, No. Atención. Todos los
Santos es la celebración de la victoria dolorosamente alcanzada por hombres y mujeres en el seguimiento del
Evangelio (conociéndolo explícitamente o sin conocerlo). Y es que si hay algo
que une al santo desconocido de las selvas amazónicas con el mártir de las
persecuciones de Nerón y con cualquier otro santo de cualquier otro lugar es la
búsqueda y la lucha por una vida más fiel, más entregada, más dedicada al
servicio de los hermanos y del mundo nuevo que quiere Dios[2].
Tenemos un puente, y eso es maravilloso: con Dios viven ya hombres y mujeres de
todo tiempo y lugar que lucharon esforzadamente en el camino del amor, que es
el camino de Dios. Y si en nuestro aburrimiento o pachorra pensamos que la
muerte violenta sería la única que nos llevaría hasta Él, san Agustín sale en
nuestra ayuda: «Los santos mártires han
imitado a Cristo hasta el derramamiento de su sangre, hasta la semejanza de su
pasión. Lo han imitado los mártires, pero no sólo ellos. El puente no se ha
derrumbado después de haber pasado ellos; la fuente no se ha secado después de
haber bebido ellos (…)»[3]. Hoy, en esta alegre y
luminosa fiesta de Todos los Santos,
estamos invitamos a reinventarnos en la manera de seguir al Señor y de que Él
esté siempre presente en nuestra vida • AE
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