¡Un corazón como el tuyo! (XXVI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C)



El que todo lo tenía
no tenía corazón,
¡qué digno de compasión
el que rico parecía!

Yo no te pido riquezas,
Señor de todos los bienes;
te pido lo que tú tienes,
la mayor de tus grandezas.
Yo te pido corazón,
que tú solo puedes dar:
un corazón para amar
y para amar con pasión.

Un corazón como el tuyo,
corazón enternecido,
que para mí siempre ha sido
corazón en que me arrullo.
Corazón que en mi pecado
siempre abierto lo encontré,
y si cosa buena obré
allí dentro la he gozado.

Un corazón para el mundo,
que abraza las religiones,
porque eres Dios de perdones
en labios de un moribundo.
Tu corazón es Jesús,
y ya no hay más que buscar,
que amar es dejarse amar:
tu corazón es la Cruz.

Un corazón para el pobre,
que Lázaro se llamaba,
y echado a la puerta estaba
por un mendrugo que sobre.
Mas no de sobras, Señor,
mi corazón se contenta,
para mí sería afrenta
dar lo que irá al vertedor.

Mi corazón todo entero,
quiero dar cuando me doy,
y quiero ser lo que soy
al darme todo y sincero.
Tú te diste sin medir
cuál sería mi respuesta;
tu amor, por eso, es mi fiesta
en la que quiero vivir.

Los anfitriones del cielo
serán vecinos de aquí;
que nunca, ¡pobre de mí!
se me esconda este consuelo.
¡Jesús de las manos puras,
Jesús pobre y don divino,
enséñame tu camino,
ábreme las Escrituras Amén •

P. Rufino Mª Grández, ofmcap.
Puebla de los Ángeles, 22 septiembre 2010

(XXVI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C)



El pobre Lázaro está allí mismo, muriéndose de hambre, pero el rico evita todo contacto y sigue viviendo espléndidamente ajeno a su sufrimiento[1]. No atraviesa esa puerta que le acercaría al mendigo. Al final descubre horrorizado que se ha abierto entre ellos un inmenso abismo. Esta parábola, la única en la que el personaje tiene un nombre concreto –Lázaro- es la crítica más implacable de Jesús a la indiferencia ante el sufrimiento del otro. Junto a nosotros hay cada vez más inmigrantes, con la diferencia de que no son personajes de una parábola: son hombres y mujeres de carne y hueso. Están aquí con sus angustias, necesidades y esperanzas. ¿Estamos aprendiendo a acogerlos o seguimos viviendo nuestro pequeño bienestar, indiferentes por completo a su sufrimiento? Esta indiferencia sólo se disuelve dando pasos que nos acerquen a ellos. Tal vez, podemos comenzar por aprovechar cualquier ocasión para tratar con alguno de ellos de manera amistosa y distendida, y conocer de cerca su mundo de problemas y aspiraciones ¡Que fácil es descubrir que todos somos hijos e hijas de la misma Tierra y del mismo Dios! Es elemental no ironizar sobre sus costumbres ni burlarse de sus creencias. Pertenecen a lo más hondo de su ser. Muchos de ellos tienen un sentido de la vida, de la solidaridad, la fiesta o la acogida que enriquecería nuestra cultura. Hemos de evitar todo lenguaje discriminatorio para no despreciar ningún color, raza, creencia o cultura. Cómo humaniza convencerse vitalmente de la riqueza de la diversidad. Ha llegado el momento de aprender a vivir en el mundo como la casa común de todos que tanto le gusta mencionar al santo Padre Francisco  • AE


[1] La razón de denominar epulón al rico no es muy evidente, pero es tradicional, aunque no se le nombra así en el texto evangélico. Epulón es el nombre de uno de los rangos dentro de los cuatro colegios sacerdotales romanos; pero como adjetivo el Diccionario de la Real Academia lo define como hombre que come y se regala mucho. Por otro lado épulos eran los convites sagrados a cuyo cargo estaban los epulones romanos. Posiblemente, la adición del nombre epulón se debe a Pedro Crisólogo, arzobispo de Rávena del siglo V.​

Fr Agustin´s schedule for September 28-29, 2019 (Twenty-sixth Sunday in Ordinary Time).





Sunday September 29, 2019. 
Twenty-sixth Sunday in Ordinary Time.

10.30 a.m. English Mass.
@ Our Lady of Grace Catholic Church.

12.00 a.m. English Mass. 
@ Our Lady of Grace Catholic Church.

5.30 p.m. English Mass. 
@ St. Peter Prince of the Apostles Catholic Church. 


Your conscience and mine (Twenty-sixth Sunday in Ordinary Time. Cycle C)



The parable in todays gospel describes these two characters, pointing out powerfully the contrast between them. The rich man goes about clothed in purple and the finest linen, the poor man’s body is covered with sores. The rich man feasts splendidly not only in times of festival but daily, the poor man is thrown away at his doorstep, unable to bring to his mouth what falls from the rich man’s table. Only dogs come near to lick his wounds when they come looking for something in the garbage. At no point does it talk about the rich man exploiting the poor man or that he has mistreated or despised him. You could say that he hasn’t done anything bad. However his whole life is inhuman, since he only lives for his own well-being. His heart is made of stone. He completely ignores the poor man. He has him right in front of him, but doesn’t see him. The poor man is right there: sick, hungry, abandoned, but the rich man is unable to cross the threshold to take care of him. We mustn’t deceive ourselves. Jesus isn’t just denouncing the situation in 30 CE Galilee. He’s trying to shake the conscience of those of us who have grown accustomed to live in abundance while right outside our door people are living and dying in the most absolute misery. It is inhuman to enclose ourselves in our «society of well-being» while completely ignoring that other «society of not-at-all-well-being». It is cruel to keep nourishing a “secret fantasy of innocence” that allows us to live with a clear conscience, thinking that it’s everybody’s fault and it’s nobody’s fault. Our first step today Could be to break through indifference. Stop letting ourselves continue to enjoy a well-being that is void of compassion. Stop keeping ourselves mentally isolated in order to put the misery and hunger that fills our world into some abstract far off place, thereby being able to live without hearing any noise or cries for help or weeping. The Gospel can help us live wide awake, not letting us end up more and more closed to the sufferings of the abandoned, not letting us lose our sense of fraternal responsibility, not letting us stay passive when we can act. Dom Elder Camara was a Brazilian bishop. Controversial, but always close to the poor and the forgotten. He used to say a phrase that has always made me think. I want to leave here to remove my own conscience again, leave me uncomfortable and help me think more about others. “When I give food to the poor, they call me a saint. When I ask why the poor have no food, they call me a communist” • AE

Lo que realmente importa (XXV Domingo del Tiempo Ordinario)



Arnaud de Moles, Cena en Emaús, 
vidriera de la Catedral de Auch (sur de Fracia)
...
Por buscar lo más precioso
yo vine a la Eucaristía,
el bien que Dios me confía
como a hijo suyo dichoso.

Lo más entrañable y mío
con nada de comparar
es el divino manjar
que viene a mi poderío.
Y muy adentro en mis venas
él conmigo es sacramento:
signo y gracia en alimento,
paz y amor a manos llenas.

El corazón es su casa,
la intimidad su morada,
el tiempo no cuenta nada,
cuando él mismo nos traspasa.
Eternidad el instante
de este reloj huidizo,
porque el Dios que el tiempo hizo
es hoy divino y radiante.

Este es el bien verdadero,
bien que es mío y no es ajeno,
Jesús vivo, el Nazareno,
el que murió en el madero.
Que es presencia y subsistencia
llenando a su creatura,
amor que nos transfigura
amor de divina esencia.

Humilde y sencillo llego,
oh mi Jesús cotidiano,
y pido como cristiano
para comulgar sosiego.
Tú te llegas hasta mí,
abierto de par en par;
que yo sepa igual estar
todo entero para ti  

P. Rufino Mª Grández, ofmcap.
Puebla (México), 13 septiembre 2010. 


Aquel que sacia y llena el corazón (XXV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C).



Para aprender a vivir de manera nueva, lo primero y más importante no es hacer grandes esfuerzos para cambiar nuestra vida, sino despertar y atrevemos a ver las cosas tal como son, dándoles su verdadero nombre. Es sorprendente con qué sencillez desenmascara Jesús nuestras ilusiones y falsedades: “No podéis servir a Dios y al dinero”. Nosotros creemos ingenuamente que nos servimos del dinero. Jesús señala que en realidad servimos al dinero. Pensamos que somos dueños de nuestro dinero y no vemos que es el dinero nuestro dueño y señor. Creemos poseer las cosas y no nos damos cuenta de que las cosas nos poseen. Esas ansias de poseer nacen de nuestra inseguridad, pero cuesta reconocerlo. Necesitamos reafirmamos a nosotros mismos, protegernos ante los demás, asegurarnos el futuro. Aquí está el error. Cuantas más cosas poseemos, más crece nuestra inseguridad y nuestra preocupación y más difícil se nos hace asegurar nuestra felicidad. La razón es sencilla. Si ponemos nuestra felicidad en las cosas, la fuente de nuestra felicidad ya no está en nosotros mismos. La felicidad no es algo que se alcanza poseyendo cosas y más cosas, sino algo que se comienza a intuir y experimentar cuando nuestro corazón se va liberando de tantas ataduras y esclavitudes. Uno solo es el Amor que llena, que sacia. ¿Buscamos conocerlo? Mientras sigamos sirviendo al dinero, no nos abriremos ni sabremos lo que es la vida, el amor y la alegría. Y tampoco podremos hacernos amigos -auténticos- del Señor, por mucho que lo invoquemos e incluso ¡Ay! lo recibamos en la Sagrada Comunión • AE 

Fr Agustin´s schedule for September 21-22, 2019 (Twenty-fifth Sunday in Ordinary Time).



Saturday September 21, 2019.

4.00 p.m. Sacrament of Reconciliation
 @ Our Lady of Sorrows Catholic Church.

6.00 p.m. Vigil Mass
@ Our Lady of Sorrows Catholic Church.

Sunday September 22, 2019.
Twenty-Fifth Sunday in Ordinary Time.

9.00 a.m. English Mass. 
@ St. Peter Prince of the Apostles Catholic Church.

11.30 a.m. English Mass.
@ Our Lady of Sorrows Catholic Church

4.00 p.m Sacrament of Reconciliation
5.00 p.m. English Mass.


@ Trinity University
(Margarite B. Parker Chapel)
...


The King is calling (Twenty-fifth Sunday in Ordinary Time. Cycle C)



Taking a look at the news or newspapers in the morning is really disappointing: every day there is more pain, betrayal, deception, sorrow, etc. Now I can just read your minds and see many of you thinking, “Why all this bad news? After all, I look at this blog for a comment on the good news that the Gospel of Christ brings. Well, my seemingly pessimistic reflections were actually occasioned by our Gospel passage. There Jesus tells a story about someone who cheats. A steward has been growing rich by mishandling his employer’s property. Sounds pretty contemporary. But when he is found out and threatened with punishment he is very wily in finding ways to assure his security for the future. Surprisingly when the employer returns to settle matters and finds how clever he has been in dealing with the debtors, he praises him and so, it seems, does Jesus. This, of course, raises all kinds of problems for us who read it today as perhaps it did when Luke wrote his Gospel. Is the employer and is Jesus praising this man for his dishonesty? That could hardly be the case. Indeed to prevent misunderstanding Jesus says, “The children of this world are more prudent in dealing with their own generation than are the children of light.” Jesus is using the story then not to tell us to imitate the steward in his dishonesty but in his prudence and cleverness in taking care of himself. We, however, should do it, not for purely material gain, but to do our part in furthering the Kingdom of heaven. We have been hearing some very challenging things from Jesus these past weeks in Ordinary Time as we follow him on his journey to Jerusalem and to the Cross. Two weeks ago he told the crowds who were traveling with him, and he told us as well, that nothing less than complete commitment on our part will satisfy him. And he warned them, and us, that we should know what we are getting into if we accept the challenge. I am sure that it was not easy to be a committed follower of Jesus in the first century when Luke wrote his Gospel. And it certainly is no easier today, 2019. Christian commitment means trying to change the world. Let us remember that we are not simply individuals trying to accomplish the impossible. First of all we are members of the Body of Christ. We have one another, we have all those who profess, not only the Catholic Faith, but anyone who claims to be a Christian. Together there is much that we can do that we could not do alone. And even more important than that, we have Jesus as our head. In a key meditation of his Spiritual Exercises St. Ignatius of Loyola asks the retreatant to imagine Christ, our King, calling all of us as a body, but also each one in particular, to follow him. He asks us to hear Jesus make this appeal, “It is my will to win over the whole world, to conquer sin, hatred, and death – all the enemies between the human race and God. Whoever wishes to join me in this mission must be willing to labor with me, so that by following me in suffering, he or she may follow me in glory.” And to that St. Ignatius adds this question: “With God inviting and with victory assured, how can anyone of right mind not give himself or herself over to Jesus and his work?” Indeed, how can we not? • AE

Jesus albergue de pecadores (XXIV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C)



Parador de pecadores,
de mujeres confundidas,
de mis idas y venidas…
hoy rumbo de mis amores.

De las cien ovejas una
se perdió por los zarzales,
y pensando en otros males
fue el pastor por su fortuna.
Que aquella oveja querida
valía noventa y nueve,
era suya, dulce y leve,
y el amor jamás olvida.

Ovejuela del Señor,
que me arrime hasta su cara,
me tenga bajo su vara:
soy yo, débil pecador.
Ya su abrazo que me estrecha
muy dentro de mí lo siento,
guárdame de todo viento,
mi cabeza a tu derecha.

Mi pastor es mío, mío,
y hasta mi esposo se dice,
que me mima y me bendice
me da el maná del rocío.
Jesús, que te gusto amor,
sin memoria del pecado,
divino pan consagrado,
dulce de todo sabor.

Mi Jesús, mi sacramento,
mi historia, única y junta,
que aquieta toda pregunta
y rompe adverso argumento.
Mi Jesús, paz regalada,
corona de mi deseo;
¡en fe te adoro y te veo,
patria mía, patria amada! •

P. Rufino Mª Grández, ofmcap.
Puebla, 3 septiembre 2010

Granujas y todo, pero perdonados (XXIV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C)



Dios ama a los pecadores. No sólo a los pecadores arrepentidos, lo que sería en cierto  modo comprensible para nosotros, sino también a los pecadores antes de su conversión; es  decir, Dios ama a los granujas, a los indeseables, a los perdidos, no porque sean lo que  han llegado a ser por su culpa sino para que sean lo que deben ser con la ayuda de la gracia: una criatura nueva. El amor de Dios lleva siempre la iniciativa. El que lo hizo todo de la nada y llamó a la existencia a lo que no era, llama a los  pecadores para que sean sus hijos. Es la misma fuerza –por poner un ejemplo muy concreto y muy tangible- que tira por el suelo a Saulo camino de Damasco y hace del perseguidor un apóstol. Si Dios ama a los pecadores, esto quiere decir que su misericordia es infinita y su amor  no tiene fronteras. Por lo tanto, nadie puede exiliarse del amor de Dios ni huir tanto y tan deprisa que no sea alcanzado por su misericordia. Por eso no hay para Dios un hombre  absolutamente perdido, por eso hay para el hombre siempre una posibilidad que no es del  hombre: el amor que Dios le tiene. Cuando uno pierde una moneda hasta el extremo de  olvidar que la ha perdido, ya no puede encontrarla. Pero Dios no pierde nunca de esta  manera a los pecadores, porque no los olvida ni los echa de su corazón. De ahí que Jesús  lo compare a una mujer que echa en falta su moneda, y barre toda la casa, y la encuentra, y se adorna con ella la cabeza, y llama a las vecinas y comparte su gozo. El perdón es un triunfo del amor de Dios. A los hombres nos cuesta mucho perdonar  porque no amamos a los que nos ofenden, por eso necesitamos enfrentarnos con nosotros  mismos: reprimir el instinto natural de venganza y dejar que pase el tiempo para poder  olvidar, y si al fin conseguimos cambiar de actitud, esto ha sido una victoria sobre  nosotros mismos. Dios no perdona como los hombres, pues ama a los pecadores y no  necesita pasar de la venganza a la misericordia. Dios perdona gozosamente. Jesús describe en las parábolas el inmenso gozo del  perdón de Dios. Lo compara al gozo del pastor que carga con la oveja perdida, al gozo de  la mujer que encuentra su moneda y, sobre todo, al de un padre que recupera a su propio  hijo. En esta última parábola contrasta el gozo del padre que perdona con la actitud del  hermano que no sabe perdonar y, en consecuencia, no quiere entrar en la fiesta. El motivo  de tanta alegría en el cielo, de tanto gozo, es la conversión del pecador y su vuelta a la  vida. La invitación de hoy es a perdonar como hemos sido perdonados: gozosamente • AE

Nuestra Señora de los Dolores (Secuencia)



La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¡Oh cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
¿Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea;
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.
  
Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén • AE